Crítica de cine. MAD CITY (1997)

23 05 2008

Mad City, dirigida por Constantin Costa-Gravas se trata de una historia violenta y sádica sobre las locuras que se cometen para conseguir los mayores índices de audiencia en los informativos de televisión. Es sin duda una dura crítica al carácter manipulador de los medios de comunicación, y a la paulatina falta de ética en la que éstos incurren teniendo como único objetivo la captación de audiencia.

 

Mad City cuenta la relación de un periodista (Hoffman), un tanto sensacionalista que se ve involucrado en una historia que puede devolverle el prestigio perdido: un pobre e ignorante guardia jurado que ha sido despedido de un museo (Travolta), decide secuestrar a todo el que se encuentra  en el edificio, entre ellos el provocador reportero.

Con destreza el periodista alargará la situación hasta convertir el pequeño incidente local en un gran despliegue informativo, puro espectáculo. Es una jugada desesperada para el guardia del museo, y una oportunidad única para la carrera del reportero, que está protagonizando la exclusiva de su vida. Para ello deberá convertir la acción de Sam en algo heroico, mantener al margen al cínico magnate de la cadena (Alan Alda) y sobre todo, seguir acaparando la atención de América, hasta el punto en el que pierde el control y todo se le va de las manos.

 

La película muestra el poder de los medios sobre la opinión pública y como éstos, inmunes a los sentimientos de las personas inocentes que aparezcan en la noticia, relatan a su antojo la información, sólo por escalar en el ranking de cadenas líderes.

Así, en todo momento se ve como se juega con la dignidad humana, haciendo de el problema de un señor despedido un show mediático que supone un boom profesional en la vida de despiadados periodistas que sólo buscan el morbo, dotando a la noticia con muchas más pinceladas que el mero interés público.

 

Del mismo modo se recurre a la sensibilización del espectador. Cuando el periodista vende una imagen sana y honesta del secuestrador, parece que la opinión pública está con él. Por el contrario, cuando la imagen hacia este es más amarga las encuestas en su favor disminuyen. En este aspecto de la cinta se denota la influencia de los medios de comunicación sobre el espectador y como el que se denomina ya como “el cuarto poder” tiene dominio suficiente como para ofrecer una información objetiva o bien manipularla y hacerla creer verdadera.

 

Películas como Mad City han acostumbrado al público a una línea de conflictos éticos resueltos mediante el desencanto de una sociedad cada vez más mediatizada. El film recuerda a “El gran carnaval” (1951), que en su momento, abrió el subgénero de escándalos periodísticos, cintas de denuncia y compromiso. En ambas películas, los protagonistas son dos periodistas que caen en una tentación anunciada, apropiarse del protagonismo de una noticia y hacer de ella una información exuberante.

 

La película, por momentos, parece extremadamente crítica y algo artificial. El argumento es interesante pero se podía haber dicho mucho más, es decir, no explota al máximo los elementos del guión de modo que la película resulta repetitiva y carente de ritmo. El final es horrible ya que todos los personajes evolucionan tanto que intercambian sus papeles (el periodista sin escrúpulos se culpa del desastre final; el honesto guardia jurado se suicida; la periodista en prácticas que en las primeras secuencias era objetiva termina absorbida por el poder de la manipulación mediática…) y todo ello desemboca en la confusión del espectador.

A pesar de esto ofrece una eficaz reflexión contra la tendencia manipuladora de los medios de comunicación.


Acciones

Información

Deja un comentario