Viva mayo, el mes de Córdoba, tierra sultana que refleja el olor a azahar cuando paseas. Imagen flamenca y gitana, de un mes caluroso, que borra el amanecer. Tanta belleza reunida en una sola ciudad de Andalucía, que se llena de color cuando el sol despierta y de noche, la luna se refleja por el aire. Entonces, mayo huele a alegría, a vida llena, sonora y alborotada.
El “pistoletazo” de salida lo da la Fiesta de la Cruz. Tradición cristiana de origen popular donde los vecinos de una calle o plaza acuerdan instalar cruces hechas con flores en torno a las cuales se colocan elementos florales, macetas y plantas. Junto a estas, se ha hecho imprescindible la costumbre de instalar una barra en la que los cordobeses que entre risas, vino, pinchitos y sevillanas gozan del “previo” a su feria.
Córdoba, tierra judía, de toreros y pintores, donde cada primavera nacen todas las flores, y los patios y balcones de sus callejuelas, se decoran para competir entre ellos por ser el más bello. En mayo, las calles de Córdoba se abren para ti. Recorrer los patios durante el día, y disfrutarlos a la caída de la tarde, entre el olor al jazmín y al azahar de los naranjos, la música flamenca y la conversación de los amigos es una experiencia única. El Concurso de Patios es una tradición única en el mundo, muy difícil de conservar, que está basado en las características de la forma de vida cordobesa, casas con patios y balcones ajardinados. Visitarlos es un placer ya que cada rincón de Córdoba guarda una sorpresa. En el caso de los patios cercanos a la Mezquita, las maravillas aumentan, pasadizos recónditos que conducen hasta el monumento cordobés por excelencia, en las casas más viejas de la zona, y que sólo el buen conocedor de la ciudad puede guiarte hasta ellos.
Córdoba rosa de mayo, lenta y soleada, que provoca el enloquecimiento de sus habitantes, bien por el embrujo de sus noches o por el silencio del viento en sus mañanas.
Llega la feria, la fiesta más importante de la ciudad, participativa y acogedora y es imposible andar por la Ribera, bonito paseo, o escapar del recinto sin que el sol haya tostado tu piel. Córdoba es toreo de ternura, gitanas guapas y flamencas y en los más mayores, lágrimas de recuerdo, que reflejan sus alegrías y sus pesares.
La feria de noche deja paso a los más jóvenes, es poesía, es locura y cuando el albero del Arenal es alumbrado por miles de luces, parece que el centro de Andalucía brille más que nunca, y sopla un viento que hay que escuchar.
Coincidiendo con la feria de nuestra señora de la Salud, tiene lugar la Feria Taurina, en la Plaza de Toros de “Los Califas”. La tradición taurina cordobesa, que se aprecia en sus calles y tabernas se ha reanimado, y el aficionado puede encontrar numerosas tertulias que, llenas de esencia, surgen en las bodegas y tascas típicas de la zona.
Y así se despide mayo de la ciudad, con tracas de cohetes que cierran la feria y sonrisas interminables que reflejan la alegría de haber nacido en el centro de Andalucía, mi Córdoba.
